¿Cómo afecta un divorcio a nuestros hijos(as)?

¿Cómo afecta un divorcio a nuestros hijos(as)?

 Hablando del divorcio con la psicóloga Mónica Timón

Volvemos con otro post fruto de la colaboración de la doctora en psicología y psicóloga clínica Mónica Timón Herrero. Para quienes queráis saber donde trabaja y más sobre su carrera profesional os dejo el link de su web  www.monicatimon.com.

 Esta vez con Mónica estuvimos hablando de las implicaciones psicológicas que un divorcio acarrea en los hijos. Desde la posición de un abogado de familia es importante conocer estos aspectos para aconsejar a los clientes, porque para estos, uno de los puntos de importancia en el divorcio son los hijos.

Según la experiencia de Mónica, ¿Cómo afecta un divorcio a los hijos(as)? Sin ánimo de obviar las repercusiones del divorcio en los hijos(as), y que señalaré después, la respuesta tiene que ver con el mismo proceso de divorcio, si es mediante acuerdo o por contencioso, y el nivel de relación, amistosa o conflictiva, que se establezca entre la ex-pareja.

Un divorcio o una ruptura se puede gestionar de forma adecuada, manteniendo una buena relación, facilitando una explicación a los hijos(as) apropiada a su edad y capacidad de comprensión, transmitiendo seguridad en el sentido de que se les va a seguir queriendo y cuidando, así como manteniendo un buen vínculo familiar con un acuerdo de custodia que favorezca la co-parentalidad (crianza conjunta). Si se dan estos factores, los cambios que se producen en la estructura familiar desconciertan y alteran a los(as) menores en un periodo inicial, pero tras este periodo de desequilibrio inicial, los hijos(as) van adaptándose al nuevo contexto familiar para conseguir de nuevo estabilidad.

En concreto, en relación a las repercusiones psico-emocionales, podemos observar las siguientes. En los niños(as) más pequeños, donde todavía no son capaces de entender lo qué pasa, muchas veces se refleja en quejas psicosomáticas: dolor de barriga, dificultad para dormir, pesadillas, rabietas e irritabilidad… Conforme se van haciendo mayores, aparecen sentimientos de culpa (“se han separado por mi culpa”, “soy malo”), de miedo a ser abandonados(as), de rechazo, la ilusión de reconciliación, impotencia, tristeza, ansiedad e inseguridad. En cuanto a repercusiones conductuales: comportamientos regresivos, problemas escolares, hiperactividad (sobre todo en los niños), retraimiento (sobre todo en las niñas). En adolescentes es frecuente el sentimiento de enfado y de sentirse traicionados, además del hecho de incidir en su identidad y valores (amor, pareja…).

Pero como he señalado, y creo que es importante tenerlo en cuenta, aunque es cierto que habrá un periodo de duelo, donde se podrá observar cierta sintomatología y malestar, cómo se sea capaz afrontar la ruptura a nivel familiar puede facilitar la adaptación de los hijos(as).

Cuando el divorcio se enmarca en un contencioso, donde el conflicto inicial puede no sólo no llegar a resolverse sino acrecentarse, sí que puede tener consecuencias más a largo plazo en el desarrollo evolutivo y psico-emocional de los hijos(as) y puede ser necesaria la figura de un(a) profesional de la psicología durante el proceso. La intervención estará encaminada a reorganizar a la familia para minimizar las consecuencias negativas de la separación, facilitando recursos para afrontar las consecuencias emocionales de la ruptura (ansiedad, rabia, tristeza…) y adaptarse a una nueva situación de madre/padre divorciado.

Un programa de intervención incluiría así, por un lado, la gestión de los sentimientos: su adecuada expresión, técnicas de autocontrol y relajación, así como estrategias para favorecer la aceptación de la nueva situación y cómo afrontarla: beneficios de la co-parentalidad, consecuencias negativas del conflicto en los menores…

En cuanto a los hijos(as), si en general ya es difícil entender y aceptar la separación, cuando esta deriva en un conflicto entre ambas partes puede repercutirles directamente (utilizarles como mensajeros, intentar obstaculizar o destruir el vínculo del(la) menor con el otro progenitor…), que tendrá como consecuencias un desajuste tanto a nivel psicológico como conductual.

Un programa de intervención se centraría en facilitar la gestión de los sentimientos así como favorecer la comprensión de la separación y la aceptación de la nueva situación (custodia y visitas, la fantasía de ilusión de reconciliación y previsión de nuevas parejas de los padres)

En importante entender que en el proceso de divorcio los hijos(as) son una prioridad y se ha de hacer un esfuerzo para aislarles, en caso de que así sea, de un entorno conflictivo y rencillas.

 

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